Escondió durante un año el cadáver de su mamá en un bote de basura

Los vecinos del conjunto residencial Jardines de Castilla cuarta etapa, en la localidad de Kennedy, en Bogotá, Colombia, no pueden creer que uno de sus vecinos haya convivido durante un año con el cadáver de su mamá.

El olor putrefacto que despedía una caneca que Fabio Naranjo Trujillo, un zapatero de 45 años, dejó abandonada el lunes festivo por la noche en una esquina de Kennedy, los alertó sobre la macabra historia.

A eso de las 8 de la noche, el hombre salió de la casa número 94 del conjunto residencial -carrera 81B No. 6B-85- y, con la ayuda de una máquina de las que usan en los supermercados para transportar carga, arrastró la caneca 100 metros hasta la calle y luego abandonó el lugar. “Yo lo vi, porque estaba en la ventana; el señor venía y colocó la caneca en la calle”, comentó Betty Neira, residente del lugar.

Era tal el olor que despedía, que los vecinos les avisaron a dos policías que hacían ronda por el sector y les dieron las señas del dueño de la caneca.

Los agentes buscaron al zapatero, quien les confesó que un año atrás su mamá había rodado por la escalera, tras un altercado que tuvieron y, al comprobar que había muerto, decidió guardar el cadáver en la caneca y sellarla con concreto, reseñó El Tiempo

“Nos dijo que no reportó el caso por presiones que tenía con su mamá, pero que no pudo soportar más el olor y sacó la caneca, con la esperanza de que se la llevara el carro de la basura”, relató el coronel José Baquero, comandante de la Policía de Kennedy. “Es que eso es de terror, eso no se ve ni en las películas”, expresó alarmado Homer Ramírez, uno de los vecinos.

Naranjo le dijo a la Policía que el incidente con su mamá, Matilde Murillo, de 63 años, se presentó pocos meses después de haber regresado con ella de un viaje a España.

El lunes por la madrugada, el CTI llevó el envase de basura con el cuerpo al Instituto de Medicina Legal, que tuvo que pedir la ayuda del grupo de infraestructura del Cuerpo de Bomberos de Bogotá para romper el concreto.

En el interior encontraron un cuerpo en avanzado estado de descomposición, que quedó en manos de un grupo interdisciplinario de patólogos, antropólogos y odontólogos forenses, para establecer la identidad. De hecho, a Fabio no lo pudieron judicializar, a pesar de su confesión, por falta de la plena identificación del cuerpo.

José Luis Naranjo, hermano mayor de Fabio, dijo que no se pronunciará sobre la historia revelada por su familiar hasta conocer la versión oficial de las autoridades, pero confirmó que la señora había desaparecido en mayo del 2010, tres meses después de regresar de España, a donde había ido a visitar a una de sus hijas. Dijo que Matilde era una empresaria del transporte, que tenía sus taxis y que, meses antes de su desaparición, los había vendido.

José Luis contó que, pocos meses después de la desaparición, habían recibido llamadas extorsivas en las que pedían 100 millones de pesos. Después, dijo, volvieron a llamar para saber cuánto ofrecíamos. El Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía asumió la investigación.

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